¿Las redes sociales nos conectan o nos aíslan?
- Raúl Alvarado

- 15 nov 2025
- 4 Min. de lectura

El año pasado me puse como objetivo dejar de usar tanto redes sociales. Este año, por temas del trabajo creo que las estaré usando más que nunca pero hablando con mucha gente creo que el sentimiento es el mismo. El consenso es que las redes sociales no solo nos quitan tiempo sino que nos roban de nuestra tranquilidad y nos generan muchísimo estrés y yo creo saber por qué.
Considera 2 cosas:
1) Nadie en el mundo nos conoce tan bien como nos conocemos nosotros mismos. Esto significa que nadie conoce nuestros defectos y sufrimientos como nosotros.
2) Lo que vemos en redes es el resultado de un trabajo intenso de curación de contenido que refleja la realidad que el que lo sube quiere proyectar.
Lo que resulta es una comparación cimentada en una asimetría de información brutal. Comparar nuestra vida imperfecta con las fachadas perfectas que vemos en redes es un juego que no podemos ganar.
Entonces, ¿Cómo liberarte de este estrés y recuperar la tranquilidad SIN dejar de usar redes sociales? Por lo pronto esto es lo que estoy haciendo yo.
1) Entiende que no hay nadie idéntico a ti. No puedes compararte porque en el mundo no hay una realidad, un punto de vista o experiencia exactamente idéntico al tuyo. Entonces la comparación en cualquier sentido es inútil.
2) Algo en lo que me estoy concentrando mucho es en practicar gratitud.
"Un hombre sabio es el que no se aflige por las cosas que no tiene, sino que se regocija por las que tiene.”
Una herramienta que me ha ayudado a aterrizar esto un poco más es un ejercicio que se llama Visualización Negativa – Y esto no es más que imaginarte cómo sería tu vida si perdieras lo que tienes.
Bien dice el dicho “Nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido”.
Esto es una simple manera de recordarnos que todo lo que tenemos es perecedero y temporal y así recordarnos de lo afortunados que somos.
Y no, no es pesimismo, simplemente es una herramienta que a mi me sirve para acordarme de las cosas realmente importantes en mi vida y dedicarles más energía a ellas en lugar de generarme estrés por todo lo que NO son.
Entre la vida virtual, la validación digital y la ausencia del contacto real
Las redes sociales llegaron con una promesa poderosa: conectarnos. Acortar distancias, compartir ideas, expresar quiénes somos y crear comunidad. Y en muchos sentidos, lo han logrado. Hoy podemos aprender, trabajar, enamorarnos e incluso sanar a través de una pantalla.
Pero junto con esa promesa surge una pregunta inevitable:
¿Nos están acercando realmente o nos están alejando de la vida que ocurre fuera del mundo digital? ¿Son positivas o negativas las redes sociales?
Las redes sociales no son buenas ni malas por sí mismas. Son una herramienta.
El impacto que tienen en nuestra vida depende de cómo, cuánto y para qué las usamos.
En su lado positivo, permiten:
Difundir información y conocimiento.
Dar voz a causas sociales.
Crear redes de apoyo.
Expresar creatividad y emociones.
Mantener contacto con personas que de otro modo no veríamos.
Pero cuando su uso se vuelve automático, excesivo o inconsciente, aparecen los efectos negativos:
Comparación constante.
Ansiedad y baja autoestima.
Dependencia de la aprobación externa.
Distorsión de la realidad.
Aislamiento emocional, aunque estemos “conectados”.
El problema no es la red, sino cuando sustituye la experiencia real en lugar de complementarla.
¿Una vida virtual es una vida real?
Lo que vivimos en redes sí genera emociones reales: alegría, enojo, tristeza, validación o rechazo. En ese sentido, la experiencia virtual impacta nuestra mente y nuestro cuerpo.
Sin embargo, una vida virtual no es equivalente a una vida vivida plenamente.
En redes:
Mostramos fragmentos, no la totalidad.
Editamos lo que somos.
Elegimos qué enseñar y qué ocultar.
Construimos una narrativa, no siempre una verdad completa.
La vida real ocurre en lo imperfecto:
En las conversaciones sin filtros.
En el silencio compartido.
En la incomodidad, el contacto visual y el abrazo.
En el conflicto y la reconciliación.
Cuando la identidad digital se vuelve más importante que la identidad vivida, algo se desequilibra.
¿Por qué sentimos tanta necesidad de mostrarnos digitalmente?
La necesidad de mostrarnos en redes no surge de la vanidad únicamente, sino de una búsqueda profunda de validación, pertenencia y reconocimiento.
Cada “like”, comentario o visualización activa los sistemas de recompensa del cerebro. Nos dice: “importas, te ven, existes”.
El problema es que esta validación es:
Rápida.
Superficial.
Inestable.
Dependiente de otros.
Mientras más dependemos de ella, menos toleramos el silencio, la soledad y la interacción real, que requiere presencia, vulnerabilidad y tiempo.
¿Y por qué interactuamos físicamente tan poco?
Interactuar cara a cara implica riesgos:
Ser rechazados.
No gustar.
No tener control.
Mostrar emociones reales.
En lo digital podemos editar, borrar, repetir, ocultar.
En lo físico, no.
Paradójicamente, nunca habíamos estado tan expuestos y al mismo tiempo tan solos. Nos mostramos mucho, pero nos encontramos poco.
Recuperar el equilibrio
No se trata de abandonar las redes sociales, sino de usarlas con conciencia:
Preguntarnos: ¿para qué publico esto?
Priorizar encuentros reales.
Practicar momentos sin pantalla.
Recordar que el valor personal no se mide en seguidores.
Volver al cuerpo, a la voz, a la presencia.
Las redes pueden ser un puente, pero no deberían convertirse en el destino final.
La vida no ocurre en un feed, ocurre en el aquí y ahora.
Las redes pueden amplificar quiénes somos, pero no reemplazar lo que sentimos cuando estamos realmente presentes. Tal vez la verdadera conexión no sea publicar más, sino atrevernos a mirar, escuchar y estar más.




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