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El valor de volver a ser novatos


Remembrando momentos, en vísperas de un año que se va, y los saldos pendientes ante un nuevo año que llega, estaba recordando como han pasado ya 5 años de que volví a ser un inútil (y fue necesario).


Era de madrugada y no sabía ni qué me tenía que poner.

El fin de año vendría con la oportunidad de subirme a una bici para hacer una ruta de montaña por primera vez en mi vida.


No para pasear… sino para ir a la montaña.

No fue un paseo, era un "momento". La forma de despedir un año y recibir uno nuevo junto a otras almas aventureras pero al final sólo. Tiempo de calidad conmigo mismo.


Y sí, fue una actividad que me obligó a estar 100% presente.


Y sí, fue una actividad que me obligó a estar 100% presente.

Creo que lo mas bonito de deportes como la bici de montaña o cualquier deporte o actividad que conlleva un riesgo es que te obliga a enfocarte a full para no partirte el queso.


Pero lo que más me dejó fue otra cosa:

Tuve que aceptar que no tenía ni idea de lo que estaba haciendo.

Y eso… no es fácil. No nos gusta.


No para quiénes creemos que ya tenemos cierta experiencia, que ya “sabemos”, que ya dirigimos equipos, negocios, proyectos.


No para alguien acostumbrado a tener control. A saber qué hacer. O mínimo a verse como que sabe...


Ese día, tuve que soltar todo eso.

Me tocó ser el novato. El torpe. El que va atrás. El que pregunta. El que se cae.


Y ahí entendí algo que quiero compartirte:

La cuota para lograr maestría en cualquier cosa… es permitirte ser principiante.


Y casi nadie quiere pagarla. Preferimos quedarnos donde ya sabemos que somos buenos, que estamos a salvo, que tenemos el control. Donde ya no arriesgamos nada. Donde todo es cómodo.


Pero la vida no crece ahí. Tu energía no se enciende ahí. Las pasiones no se viven ahí.


El año nuevo suele darnos ese permiso tácito para volver a empezar.

Para fallar. Para intentar algo distinto. Pero ese permiso nos dura poco. Muy rápido volvemos a los hábitos viejos. A los personajes de siempre. A las rutinas automáticas.

Por eso necesitas un sistema. No solo intención. Un sistema que te recuerde quién quieres ser. Que te empuje al presente. Que te saque de la comodidad todos los días.

Que te ayude a vivir con INTENCIÓN.


Ese sistema, para mí, se llama plan, para toda meta debes tener un plan.

Es la forma en la que diseño mis días. Con intención. Con estructura. Con foco.

Porque si no lo hago así… me gana la inercia… el miedo… el EGO.

No sé tú, pero yo no quiero vivir una vida donde todo lo que hago es lo que ya sé hacer.

Quiero seguir sintiéndome sorprendido, incómodo. Novato. Torpe. Expuesto.

Porque ahí es donde empieza la expansión.


Empezar de nuevo, incomodarnos y reconciliarnos con el fracaso

Con cada nuevo año llega una presión silenciosa: saber más, avanzar más rápido, tener todo resuelto. Celebramos la experiencia, la maestría, el dominio. Pero rara vez honramos al novato: al que no sabe, al que pregunta, al que se equivoca, al que va lento. Nos han enseñado que crecer es acumular certezas, experiencia y control. Que equivocarse es retroceder. Que fallar es algo que debe evitarse.


Y, sin embargo, ahí es donde ocurre la magia.


El miedo al fracaso: una lección aprendida

Desde pequeños aprendemos a temer al error.

El fracaso se castiga, se señala, se vive en silencio. Aprendemos que equivocarnos significa no ser suficientes, no cumplir expectativas, no encajar.


Así, crecer se convierte en un acto de autoprotección:

  • Elegimos lo conocido.

  • Evitamos lo que no dominamos.

  • Nos quedamos donde somos “buenos”.

  • No porque ahí esté nuestra vocación, sino porque ahí el riesgo de fallar es menor.


Ser novato no es retroceder, es resistir

Volver a ser principiante en una cultura que premia la perfección es un acto de resistencia. Significa desafiar la idea de que el valor personal depende del desempeño.

El novato no ha fallado: está aprendiendo.


Cuando somos novatos:

  • Escuchamos con apertura.

  • Observamos sin juicio.

  • Descubrimos sin expectativas rígidas.

  • Preguntamos sin vergüenza (o a pesar de ella).

  • Nos permitimos no tener respuestas inmediatas.


    El experto busca confirmar lo que ya sabe. El novato se permite descubrir.

    El experto protege su imagen. El novato protege su curiosidad.


La incomodidad como señal de valentía

Ser nuevo en algo incomoda porque nos enfrenta al miedo más profundo: fallar frente a otros y frente a nosotros mismos. Pero esa incomodidad no es una señal de error; es una señal de valentía. Indica que estamos saliendo del personaje que sabemos interpretar y entrando en un territorio donde aún no tenemos guion.

Toda transformación auténtica comienza ahí.


Ser nuevo en algo incomoda. Nos hace sentir torpes, lentos, fuera de lugar. Nos confronta con el miedo al error y al juicio. Pero esa incomodidad no es un obstáculo: es una señal:

  • Es la señal de que estamos saliendo del territorio conocido.

  • De que estamos arriesgando.

  • De que estamos vivos.


Ir lento en un mundo que corre

Al novato no le preocupa llegar primero, sino entender el camino. Va lento porque está construyendo desde la base, no desde la prisa. Ir lento no es quedarse atrás.

Es permitir que el aprendizaje se asiente, que el cuerpo y la mente integren lo nuevo sin violencia.


En una cultura que glorifica la rapidez y los resultados inmediatos, ir lento parece un fracaso. Pero el novato no corre; camina con atención.


Ir lento permite:

  • Integrar lo nuevo.

  • Escuchar al cuerpo y a la mente.

  • Construir bases sólidas.

  • Aprender desde la experiencia, no solo desde la teoría.

  • La prisa crea expertos rápidos.

  • La paciencia crea sabiduría.


La rapidez evita el fracaso. La lentitud lo resignifica.


El poder de preguntar y equivocarse

Preguntar y equivocarse son dos actos profundamente humanos que hemos aprendido a esconder. Nos enseñaron que quien pregunta “no sabe” y que quien se equivoca “fracasa”. Pero preguntar abre posibilidades. Y equivocarse amplía el mapa.


El novato pregunta. Mucho.

Y al hacerlo, rompe una de las mayores trampas del adulto: fingir que sabe.


Cada pregunta abre una puerta que el conocimiento cerrado jamás podría abrir.


Arriesgarnos a no saber

Volver a ser novatos cada año es recordar que no estamos terminados. Que siempre hay algo nuevo que aprender, un rol distinto que habitar, una versión más honesta de nosotros esperando ser explorada.


Arriesgarnos a no saber es elegir:

  • La expansión en lugar de la comodidad.

  • La experiencia en lugar de la apariencia.

  • El crecimiento en lugar de la seguridad aparente.

  • No vivir en piloto automático.

  • No quedarnos solo donde somos competentes.

  • No confundir seguridad con estancamiento.


Ahí es donde sucede la magia.

La magia no ocurre cuando todo está bajo control.

Ocurre cuando nos atrevemos a entrar en lo desconocido sin garantías.


Cuando aceptamos ser:

  • El nuevo.

  • El inexperto.

  • El que va lento.

  • El que pregunta.

  • El que se equivoca y continúa.


Cada nuevo año no es solo una oportunidad para mejorar lo que ya sabemos hacer, sino para atrevernos a no saber. Nos acerca a nuestros orígenes y volver a sentirnos como niños. Nos hemos tomado esto de la vida demasiado en serio. Y quizás, en ese acto aparentemente pequeño, esté la forma más profunda de seguir creciendo.


Te deseo un 2026 donde reinicies desde aquello que te da miedo, y te embarques por ello.


 
 
 

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