Sanar al niño interior también es un asunto de ética.
- Raúl Alvarado

- 15 abr
- 3 min de lectura

A menudo, cuando hablamos de "sanar al niño interior" en el ámbito profesional, nos enfocamos en las heridas emocionales, pero olvidamos algo crucial: nuestro niño interior también fue el principal observador de nuestra ética. No solo aprendió a recibir afecto, sino que aprendió a entender cómo funciona el mundo, qué significa "ser inteligente" y dónde trazar la línea entre lo correcto y lo conveniente.
El espejo del 70/30: Lo que vimos vs. Lo que nos dijeron
La educación no es lo que decimos, sino lo que somos ante los ojos de quienes nos siguen. Se estima que los niños solo absorben el 30% de las palabras o sermones, mientras que el otro 70% lo aprenden emulando las acciones de los adultos. Si de niños escuchamos que "mentir es malo", pero luego vimos a nuestros padres pedir que negáramos su presencia al teléfono para evitar una situación incómoda, el mensaje real que quedó grabado no fue la honestidad, sino la utilidad de la mentira funcional. Cuidar al niño interior hoy significa identificar esos "virus" éticos que instalamos por emulación y que hoy dictan nuestras decisiones bajo la excusa de la astucia.
La trampa de la "Malicia Indígena" y el costo del "Avispado"
Inmersos en culturas donde a veces se romantiza la figura del "avispa" o el "abeja" —aquel que logra una ventaja saltándose las reglas—, nos enseñaron que si nos devuelven cambio de más y no decimos nada, "ganamos". Sin embargo, la madurez nos invita a una reflexión demoledora: la verdadera inteligencia no es la astucia para engañar, sino la capacidad de resguardar principios.
Cuando un sistema pierde la integridad, el costo lo pagamos todos. La conocida analogía de los puestos de verduras sin vendedor en comunidades de alta confianza como Japón, donde simplemente se deja un cofre para el dinero, ilustra un nivel de inteligencia colectiva superior. Si el consumidor empieza a robar, el vendedor debe invertir en vigilancia, encarecer el producto y, eventualmente, corromper su propio proceso para sobrevivir. El círculo vicioso de la deshonestidad no nace en las altas esferas políticas, sino en el núcleo del hogar cuando se abandona el principio básico de "si no es tuyo, es de alguien más".
El semáforo en rojo: El testigo que nunca duerme
Uno de los aprendizajes más profundos de la infancia que debemos transformar es la idea de que las reglas solo importan cuando hay alguien vigilando. Existe un dilema ético muy poderoso sobre el hecho de detenerse en un semáforo peatonal en rojo en una calle completamente desierta a medianoche: avanzar puede parecer inofensivo para el que se cree "listo". Pero la lección de integridad es clara: puedes engañar a la autoridad, a las cámaras o a un supervisor, pero hay un testigo dentro de ti al que no vas a engañar nunca: tú mismo.
La verdadera fortaleza de una organización o una nación en épocas de crisis no reside en su tecnología, sino en la solidez de sus principios éticos.
¿Cómo reeducar nuestra ética hoy?
Para transformar esos atajos que arrastramos desde la infancia, necesitamos activar un liderazgo consciente:
Reconoce la falsa inteligencia: Deja de llamar "malicia" o "astucia" a lo que es, en realidad, falta de integridad.
Aprende de la historia ajena: No hace falta que tu empresa o tu vida se estrellen para entender que la deshonestidad no es sostenible a largo plazo.
Respeto absoluto por lo ajeno: Incorpora la máxima de que si algo no es tuyo (un objeto, un dinero, un mérito), le pertenece a alguien y, por lo tanto, no se toca.
Lidera con el 70%: Si tienes equipos a cargo o hijos en casa, recuerda que te están imitando. Tu integridad en las pequeñas cosas —como respetar un proceso cuando nadie mira— es lo que realmente construye cultura.
Conclusión La falta de ética no es un problema externo; es el fruto de lo que permitimos que nuestro niño interior aprendiera sobre la "supervivencia". Hoy tienes la oportunidad de ser el adulto que reescribe esas reglas. La mayor ventaja competitiva en el mercado actual no es ser el más "avispado", es ser aquel en quien todos pueden confiar.
¿Cuál crees que es el "virus ético" o el pequeño atajo más común que se sigue justificando hoy en día en el mundo profesional bajo la etiqueta de "astucia"? Te leo en los comentarios.




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